domingo, agosto 16

Tres cuentos de ayer

Estos tres pequeños cuentos, estas pequeñas historias que hoy quiero compartir, me sucedieron ayer, y me sentiría muy mal si no las escribiera hoy. Los primeros dos cuentos, pienso que tienen que ver mucho sobre la forma de ser de las personas, y de cómo debemos aceptar a todos como sean, el tercero, es algo más personal. Creo que hay muchos momentos en nuestras vidas que podemos utilizar para escribir, el mundo está lleno de inspiración, de palabras que necesitan salir, como si estuvieran ahogandose en el fondo del mar... Vivir inspirado es algo que me gusta mucho.

***

Vi una fuente que tenía el agua muy clara, brillaba con la luz del sol, parecía como que una gota de ese líquido tan transparente bastaba para quitar el calor que hacia. Todo estaba caliente, menos el agua. Yo la miraba de cerquita, todo acalorado con ese traje infernal ajustado al cuerpo: El moño muy derechito; la camisa blanca y los zapatos muy bien lustrados. Vi la fuente y los árboles, muy verdes, casi primaverales: hasta abejas había zumbando cerca de las flores. Intentaba verlo todo para olvidarme del calor que hacia, y de pronto, muy cerca de mi vi a una mujer sentada en el suelo, con sus dos hijas. Nos miraba con los ojos llenos de inocencia y de duda, tenía razgos indígenas pero vestía ropa de ciudad, como si la actualidad le hubiera arrancado sus raíces de repente. Aquí en la ciudad todo el mundo discrimina a los indígenas, los ignoran, aunque ellos se quiten los trajes, las joyas, la lengua. En la plaza donde estaba se pueden ver muchas personas, no sólo indígenas, sino personas de todo tipo: altos, chaparros, güeros, gordos y flacos. Y personas como yo, que miran las fuentes para que pase el tiempo. Seguía yo observando a la mujer, y me pregunté cómo se siente ser arrancado de todo, de lo que eres y de lo que fuiste, qué se siente sentarse en los días de calor en el suelo de una plaza, como si no tuviera el derecho de sentarse en una de las bancas, y sobre todo, me preguntaba porqué permitía que la ignoraran, porque como ya dije los indígenas son discriminados todo el tiempo, si escucha alguien aquí que van dos mujeres hablando otomí, náhuatl o alguna lengua, las miran raro. La mujer pareció leer mis pensamientos, siguió mirandome, se levantó y sin despegar la mirada de mí tomó a sus dos niñas y se fue hasta la banca más cercana. Como si de repente comenzara a sentir que era otra persona más en la ciudad.

De repente llega un hombre sucio a la plaza, con la cara llena de mugre, el cabello todo tieso, la ropa rota y roída, tenía en las manos un edredón blanco también muy sucio, lo usaba a modo de capa. Para llegar a la plaza cruzó la calle sin fijarse en los autos, venía corriendo y cruzó la plaza muy rápido, gritaba:
-¡Viva Hugo Chávez!
Y después hacía una expresión de alegría.
-¡Viva el Partido Socialista Unido de Venezuela!
Una expresión de alegría más.
-¡Viva Chávez! ¡Viva el PSUV! ¡Viva Hugo Chávez!
La gente se alejaba de él, yo nada más me le quedé viendo. Alguien dijo que no lo vieramos. Seguía este hombre gritando cosas sobre Chávez y Venezuela, que a todos se nos olvidó que tenía la ropa mugrosa y el cabello lleno de piojos. Tan rápido fue todo, que en unos pocos segundos vi como el hombre cruzaba la siguiente calle, y se metía por alguna parte. En un abrir y cerrar de ojos desapareció.

Muchas horas más tarde, por la noche y no muy cerca de la catedral, me encontraba yo pisando el lodo húmedo y viendo la hierba crecida. Bajo la luz de las estrellas me encontraba junto a ella, en uno de esos momentos en los que nadie dice nada. Ojalá pudiera haber sido todo de otra forma, ojalá me hubiera encontrado anoche de una manera muy distinta, ojalá hubieramos podido decirnos algo. Ojalá me hubiera sentido libre, de eso se trataba todo, de olvidar lo que había pasado, de no desear que sucediera algo más, pero me encontraba deseando lo imposible, pensando en la posibilidad de que no existiera esa barrera transparente entre nosotros dos y que pudieramos juntar nuestros labios de repente sin que nos importara el frío, la hierba o el lodo, olvidarnos de todo menos de nuestra existencia. Yo sé que no debí pensar en nada más que en el pasto y la noche, y que muchas, pero muchas veces no es bueno desear.

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-CL-



martes, junio 30

Historia Lectora

Los libros llenan mi vida. Creo, y estoy seguro de que la seguirán llenando. Cada vez que me siento triste o muy feliz; cada vez que mis amigos no están, se van de viaje y no me llaman; cada vez que llueve, y también cuando hay sol, los libros están ahí. Siempre me acompañan, desde que era pequeño, y no sé muy bien en dónde empieza mi historia lectora...

Siempre tuve un interés especial por saber qué era lo que estaba escrito en los libros, me parecían unos caracteres tan misteriosos y extraños; yo veía que la gente mayor tomaba los libros y comenzaba a mover los ojos de izquierda a derecha sin despegar su mirada del papel, me parecía algo muy extraño, y siempre quize poder hacerlo. Es curioso, pero yo aprendí a escribir y a leer solo. Claro que no comencé a leer libros justo después de aprender a leer y escribir, yo podía hacer eso con un par de palabras muy simples, pero no con libros enteros. Aprendí a leer por completo en la primaria, y también en casa, porque mi mamá se encargó de ayudarme a mejorar mi escritura y mi lectura, creo que mi maestra de primer grado (persona a quien admiro mucho) forma parte muy importante en los primeros años de esta historia. De pequeño estuve rodeado de libros, no eran muchos, en realidad eran muy pocos, porque en mi casa había libros que no estaban a mi alcance, que eran demasiado maduros y que no podía leer. Tuve una colección de libros de animales que le compramos a un señor que llegó a la colonia a venderlos, esos fueron los primeros libros que amé, y aunque algunos se hayan mojado y otros destruido, todavía conservo un par de ellos, que guardo con mucho aprecio; esos libros en verdad que los llevaba a todos lados. De niño pude conocer bastante la literatura infantil, y aunque no estuve cerca de los clásicos infantiles (me habría gustado haberlo estado), sí tuve la oportunidad de leer muchísimas cosas para niños: Mis libros favoritos fueron todos los de Roald Dahl, como Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda (libro con el que me siento identificado de alguna forma); también leí muchísimos libros interesantes que tomaba prestados del "Rincón de la lectura" de la primaria, y otras cosas más. Me sentía muy feliz de poder comprender esos símbolos que antes me parecían tan extraños. Mis padres siempre me regalaban libros nuevos para que no me quedara aburrido, agradezco infinitamente que me acercaran a ese mundo tan fabuloso, de historias que yo nunca podría imaginar, de enredos y cosas mágicas que sólo las mentes de maestros pueden crear. Cuando creí y pude leer los libros que estaban en mi casa, me sentí distinto porque aquellos libros eran totalmente distintos, no tenían dibujos, sólo letras y más letras, estaba muy equivocado, esos libros sí tenían dibujos, quizá no en sus páginas, sino en mi mente, ellos me daban la historia y yo me convertía de repente en el dibujante, creando página por página cada escenario que aparecía, cada personaje que describian; etc. Pasé de leer cuentos a leer novelas enteras, que cambiaron por completo mi vida, también comencé a leer poesía (un arte que admiro mucho) y otros textos, exploré mundos que jamás creí conocer y también hice muchos amigos que nunca creí tener. Pienso que los libros y la literatura son fantasticos cuando quieres conocer el mundo, a través de las letras de tantos escritores, que con su mirada conocieron los escenarios que describen, pude conocer muchas cosas que hasta entonces me eran desconocidas. Agradezco muchísimo también a dos personas que influyeron considerablemente en mi manera de ver la literatura, y que sembraron en mí una pasión enorme por las letras: Son mis amigas Diana y Denise, ambas estudiantes de literatura, las admiro mucho y espero algún día poder escribir tan bien como ellas y poder estudiar letras también. Gracias a ellas pude conocer muchas cosas, pude jugar a la rayuela con Cortázar, leer el Quijote y pasear por las calles de Nueva York, apreciar de una manera muy particular a un personaje de la literatura infantil fantástico (el principito), aterrorizarme con las macabras historias de Edgar Allan Poe y también leer la poesía de Rubén Darío, de Juan de Dios Peza y de otros tantos poetas que también admiro. Mi mayor aspiración es poder estudiar letras también, porque mi pasión es tan enorme que me sentiría infeliz haciendo otra cosa, siempre agradeceré a las personas que influyeron en mi historia lectora, y también a los muchos libros que me permitieron pegar mi mirada a sus páginas una y otra vez...

La lectura es fantástica y maravillosa, la disfruto mucho, porque gracias a ella me puedo permitir estar en lugares desconocidos, y estar al mismo tiempo sentado en mi habitación... Es algo que simplemente amo.

-CL-

Palabras...

Aunque estemos lejos te escucharé.

Escucharé tus cantos... Escucharé tu risa... Tus palabras infinitas...

Escucharé todo, y aunque estemos lejos seguiré ahí, atento a ver si escucho algo...

...Y si no escucho nada no es porque no cantes, no es porque no rías, sino porque quizá tu voz se silenció entre tantos murmullos ajenos, y aunque así sea tendré la certeza de que me recuerdas y oyes mis respuestas, así como yo las tuyas, hasta el fin de este cuento...


-CL-






domingo, junio 7

Nuestra libertad


Salgo de tu casa, atravieso la reja negra, con sus barrotes de metal calientes por el sol. Miro las otras casas, son todas pequeñas y peculiares, el sol les da directamente y parecen cubitos de hielo, como que se derriten muy despacito. Me siento triste y no sé porqué, debe ser el sábado, que está tan caluroso y sin viento que refresque, me duele la garganta y me duele el corazón. Me voy de tu casa ahora y sé que quizá nunca vuelva a regresar, no miro atrás, porque cuando uno mira hacia atrás le duele más lo que deja. Miro tu pequeño jardincito, con sus rosas y el pasto crecido, me pregunto si en realidad te gusta vivir ahí, entre ese laberinto de casas pequeñas. ¿Sabes? Me doy cuenta de que tú eres más libre que yo, te pareces a un soldado, vas marchando por la vida y luchas por lo que quieres. Tú conoces el mundo, y por más severo que sea contigo tu siempre logras liberarte. Y por eso te admiro, a veces lamento el no poder ser como tú, el no poder tener esa fortaleza que te caracteriza. Me siento triste y creo que ya sé porqué: me siento tan libre y no lo soy, no tengo la libertad que tu tienes. No marcho por la vida, no soy un soldado como tú... Miro de nuevo los andadores iluminados y la luz que se posa sobre ellos. Me impresiona tu vida y te tengo un gran afecto, no te averguenzas de lo que eres, ni de quién eres... Sé que quizá en el fondo esté un poco equivocado, quizá mientras yo me quejo por tonterías tu conoces el dolor de verdad, la tristeza, la soledad... Me gustaría sacarte de ese hoyo en el que yaces.

Me marcho de tu casa y me llevo un recuerdo de ti, espero no perderlo nunca, porque cada vez que me acuerdo me siento más libre, me siento como tú...

-CL-

jueves, mayo 21

Sobre someter mis pensamientos ante carentes de espíritu

No tengo porqué complacer caprichos de gente que no me conoce e ignora mis pensamientos.
¿De qué sirve sus gustos complacer y los propios cambiar sólo porque su naturaleza ideas abiertas no tolera? ¿Acaso de sueños carecen? ¿Alma en que cavar les falta? ¿Cuál es la obsesión de destruir anhelos que vienen de corazón honesto? Entre sus pensamientos se pierden, entre su obsesión se mezclan. No son puros. Marchitos están como rosa, marchitas están sus almas e invaden su cuerpo la envidia y la ira.
Me piden que mi apariencia transforme, mi filosofía, que por completo me cambie, que me metamorfosee, que mis sueños destruya y obsequie. Me marginan de no hacerlo, me abandonan, me insultan, pero yo pregunto:
¿Desde cuándo ser digno de apoyo y cariño significa tener que ser otro?
La certeza tengo de que no responderán, cóbardes insensatos carentes de espíritu.
Infeliz dejen de hacer mi única vida, extinganse como el fuego que las cosas incendia, que las almas chamusca pero que en el interior no cambia. De nada les sirve seguir intentando reformar el mundo, si su vida no cambian, si su alma no encuentran.
Por seguro tengan que no he cambiado, que el mismo seguiré siendo y que se consumirá en su cuerpo su envidia.
Elegir lo que quiero puedo y lo que creo elijo, pues morirme de solo prefiero a sucumbir ante falsos.









-CL-




jueves, abril 23

Juego de mesa


Una vez más nos reunimos tú y yo para jugar un juego de mesa.
Tú lanzas los dados primero y me miras.
Avanzas en el tablero.
Es mi turno, los lanzo y te sonrío.
Avanzo en el tablero, tras de ti.

Eres maravilloso. Admiro tu habilidad y tu sarcasmo.
Eres tan ocurrente. Adoro tu anormalidad y tu entusiasmo.

Soy yo tan tremendamente fascinado, nunca creí que podría estar aquí
Soy yo tan tremendamente distinto, nunca creí que pudieras cambiarme así.

Eres tú.

Soy yo.

Somos nosotros.

Es todo eso y un carnaval.
Es nuestra creciente amistad.

Son los dados cayendo hacia mí.
Es mi turno y los lanzo hacia tí.

Dedicado a Erick, aunque no sé bien porqué.


CL

lunes, enero 26

El falso



¿Quién eres? Ya no te conozco. Te has perdido. Te he perdido. Tu autoestima baja se revierte en algo extraño, en una inevitable carga de sonrisas y alardes de tu persona, de desesperación por hacerte notar entre los millones, por ser tú sin serlo, por creer que eres algo que no eres y por hacer de tí un payaso de circo barato, un presumido, un alarde en toda la extensión de la palabra. Ya no eres tú. No te extraño, porque no sé qué extrañar, te pierdes en tu fanatismo infinito, en tus palabras, en tus chistes sin gracia; y todo eso y más sin darte cuenta de que la gente no se ríe contigo, se ríe de ti, de tu afán por ser mejor, de tu competitividad, de tu falta de identidad y copia de personalidades ajenas, sin pensar que todo esto te hace notar quizá un poco, aunque no te valoren por tu persona, sino por tu disfraz y tu máscara rota. Exageras los gestos de tu rostro, tu intención por ayudar se desata y se convierte en dolor, en heridas que no curan; tu amor por los otros se convierte en confusión, en mentiras, en cosas raras y en errores irreparables; tu admiración termina por cansar, por torturar lentamente.

Al menos tu desesperación valió para algo, incluidas estas líneas. Deja de desvanecerte en aquella niebla que va de lo feliz a lo triste, de lo agoista a lo fingido, y de lo falso a lo hipócrita. Ya me cansé de todo ello y de escribir todo esto que no sirve para nada... que no te hará cambiar, pero quizá te pondrá a pensar en tu vida y personalidad. No podrás responder quién eres, porque no lo sabes, y mientras no lo sepas seguiré con la duda... quizá por toda la eternidad.


C.L.

miércoles, octubre 15

El manuscrito de las tres caras


Sabía que había encontrado algo. No era día de limpieza, por eso fue tan raro que debajo de mi piso de madera, hubiera un manuscrito del siglo XIX. Era un manuscrito antiguo, un texto enorme, una historia, con las letras tan adornadas que para leerlo tuve que cerrar los ojos hasta adquirir rasgos orientales sobrepuestos en mis rasgos latinos. El pobre texto había sufrido daños por la humedad y otros factores, pero consiguió sobrevivir a duras penas hasta dos siglos más tarde, y con un poco de suerte y cuidado podrá sobrevivir hasta el fin de mis días, para que otro fuera dichoso de leer las magníficas palabras contenidas en él.
Pero yo siempre veo otras cosas, como falso adivino puedo decir que ese manuscrito era todo menos eso.
Hace dos siglos, había sido un confidente, que pacientemente había intentado comprender los secretos y pesares de alguien que se había tomado la molestia de contarlos, o escribirlos.
Un prestamista, porque prestó su bendito papel para poder contener todas las palabras que encerraban victorias, derrotas, dichas y penas dentro de ellas; prestadas las hojas fueron, tal cual Dios nos presta la vida para luego quitárnosla, así, exactamente así.
Pero sobre todas las cosas, aquella vida que encontré bajo mis pies era como un hombre misterioso, porque jamás podré saber cómo era el alma que se había dado a la tarea de escribir todas aquellas cosas bellas ahí; jamás podré saber si era del siglo XIX o del XVIII; jamás podré saber que sigue después de los puntos suspensivos al final que tanto me molestán; jamás podré conocer aquellas cosas, y dudo que cualquier otro aventurero que lo encuentre después pueda saberlo y comprenderlo, porque si yo no pude, ningún otro tampoco.
Por eso todas aquellas cosas quedarán ahí, en el manuscrito, y en el alma invisible que sé que me acompaña mientras escribo esto, y que me acompañó mientras estaba leyendo; esas son cosas personales, no salen del corazón y de la tinta, se quedarán ahí, nada más, ahí...




Cristian L.

viernes, septiembre 19

La mirada inalcanzable

Te miro, me miras,
por una vez con facilidad.
Déjame mirarte,
por una vez en mi libertad.

Vete, me entristeces,
porque aunque te ame con creces
de amor para mí careces.

Me miras pero no estás
y sé que tus ojos no tendré jamás;
yo te miro, pero tú no estás.

Lentamente desaparecen entre el hielo,
tú y tus ojos de caramelo.
Yo, sólo buscaba un pedazo de cielo.

Y así, tras la niebla, tras lo frío,
tras el aire, tras lo sombrío,
te marchas, sin decir adiós delirio mío.






Gracias a Diana por ayudarme a escribir este poema.
-CL-


lunes, septiembre 1

Amor a primera vista


En mi conciencia está tu voz, que dice:
-¿Qué quieres?
Respondo:
-Necesito verte, yo sé que no me conoces, y sé que yo a ti tampoco.
-Pero sí me conoces, nos conocimos hace tres días.
-Ah. Sí. Lo había olvidado, me perdí en tu mirada, en tu sonrisa.
La voz no responde.
-Me perdí en tu belleza, me perdí en tu rostro. Me perdí en tus manos, me perdí en tu interior.
-Pero no conoces mi interior, no puedes saber qué siento por ti.
-No, sin embargo me perdí en algo imaginario a lo que llamo tu interior, en donde tú sientes algo especial por mi.
Tengo miedo de pedirle su teléfono. Aunque no tengo miedo de hablarle.
-Lo entiendo. Así nos perdemos todos, en sueños que quizá nunca se realizan; pero otros se hacen realidad.
-¿Éste se hará realidad?
-Quizá, pero desperdicias tu tiempo hablando conmigo.
El ruido de la ciudad interrumpe mis pensamientos. Ella está ahí, parada a pocos metros, y yo no he sido capaz más que de pedir su e-mail, una conversación que duró apenas quince segundos. No tengo miedo, o quizá sí, como todos cuando se enamoran en el momento que ven a alguien.
"Deja de escribir estas tonterías en tu mente, ve y habla con ella"
-Calla-
musito.
Entonces la voz no se quiere callar, y pierdo el miedo, doy un paso, dos, tres, y llego hasta donde ella está...

C.L.